Los smart contracts son acuerdos digitales autoejecutables que se escriben en código informático y funcionan en redes blockchain. Se han convertido en una tecnología imprescindible en el desarrollo de las criptomonedas, desempeñando un papel esencial en la creación y operativa de aplicaciones descentralizadas (DApps).
Los smart contracts son acuerdos digitales programados directamente en la blockchain. Una vez desplegados, suelen ser inalterables y no pueden eliminarse. Esta tecnología reduce de forma significativa la dependencia de intermediarios de confianza para redactar y aplicar acuerdos. A diferencia de los contratos tradicionales, que requieren la intervención de abogados y mediadores para resolver disputas, las condiciones de los smart contracts están escritas en código inmutable, auditable públicamente, y se ejecutan automáticamente cuando se cumplen los requisitos establecidos.
Estos contratos son la base sobre la que se construyen las aplicaciones descentralizadas (DApps). Gracias a su interoperabilidad, pueden combinarse para crear productos cada vez más avanzados que operan sin supervisión ni intervención de intermediarios, incluidos sus propios desarrolladores. Por este motivo, ha surgido la expresión "money lego" para describir las aplicaciones que se apoyan en smart contracts.
El término "smart contract" lo acuñó Nick Szabo, criptógrafo, informático y pionero en el dinero digital. En un ensayo publicado en 1994, Szabo describió acuerdos informatizados que se ejecutarían automáticamente al cumplirse condiciones predefinidas. Sin embargo, en aquel momento no existía la tecnología necesaria para ponerlos en práctica.
La aparición de Bitcoin transformó este panorama. Aunque Bitcoin permite la creación de smart contracts básicos, la mayoría se desarrollan en blockchains que admiten lenguajes de programación más avanzados. Plataformas como Ethereum, Solana, Avalanche, Polkadot y Cardano ofrecen la posibilidad de crear DApps utilizando smart contracts.
Ethereum, lanzada en 2015, es considerada la principal responsable de la llegada de los smart contracts al universo cripto. Su objetivo era ampliar las capacidades de la tecnología blockchain pionera introducida por Bitcoin en 2009. Los smart contracts de Ethereum se ejecutan en la Ethereum Virtual Machine (EVM), un software digital encargado de ejecutar el código y desplegar los smart contracts.
Normalmente, los smart contracts se programan en lenguajes como Solidity, Vyper y Rust, siendo Solidity el más utilizado para desarrollar smart contracts en Ethereum. Estos lenguajes permiten crear contratos con reglas y lógica predefinidas, empleando estructuras tipo "si ocurre X, entonces haz Y".
El código, una vez escrito, se compila en formato bytecode, que es legible por máquina. La blockchain interpreta este bytecode y ejecuta las reglas del smart contract según corresponda. Cuando los usuarios interactúan con el contrato, la blockchain responde ejecutando automáticamente la acción asociada mediante una transacción, por la que se paga una comisión de gas.
Los smart contracts se han convertido en la base de gran parte de la innovación reciente en blockchain. Han permitido a los desarrolladores monetizar arte digital y coleccionables, y son cruciales para la descentralización del sector financiero (DeFi). Entre los ejemplos más destacados de aplicaciones de smart contracts figuran:
Aave: Protocolo descentralizado y no custodio de préstamos y depósitos, que permite a los usuarios obtener rendimientos y solicitar préstamos depositando activos en pools de liquidez. Ofrece además préstamos flash, sin garantía y de duración ultracorta.
Civic: Servicio de verificación de identidad personal que emplea smart contracts para proporcionar una verificación segura y de bajo coste. Desarrollado sobre la blockchain de Solana, otorga a los usuarios control total sobre su información de identidad.
Exchanges descentralizados: Estas plataformas utilizan smart contracts para gestionar pools de liquidez en sus market makers automatizados. Los smart contracts fijan los precios de los tokens en los pools de liquidez y posibilitan operaciones totalmente descentralizadas.
Los smart contracts son, sin duda, el elemento vertebrador del ecosistema cripto actual, y resultan fundamentales para el funcionamiento de las DApps y los proyectos pioneros que se desarrollan en torno a ellos. Al eliminar la necesidad de intermediarios centralizados, esta tecnología sostiene uno de los pilares clave de las criptomonedas: la descentralización. Tal y como demuestran los ejemplos mencionados, los smart contracts se utilizan de múltiples maneras y ofrecen potencial para aplicaciones aún más innovadoras en el futuro. Su relevancia para el sector es incuestionable, ya que continúan impulsando la innovación y abriendo nuevas posibilidades en el mundo blockchain y cripto.
Los smart contracts son acuerdos digitales autoejecutables con condiciones escritas en código. Permiten ejecutar transacciones de forma automática en la blockchain sin intermediarios, garantizando transparencia y seguridad.
Un ejemplo clásico sería una máquina expendedora que entrega productos automáticamente al recibir el pago, ejecutando condiciones predefinidas sin intervención humana.
No, Bitcoin no es un smart contract. Aunque las transacciones de Bitcoin emplean scripts similares a los smart contracts, Bitcoin no está diseñado principalmente como una plataforma de smart contracts como Ethereum.
La blockchain es un libro de registros descentralizado, mientras que los smart contracts son códigos autoejecutables en la blockchain que automatizan acuerdos. La blockchain garantiza seguridad y transparencia, y los smart contracts ejecutan automáticamente las reglas predefinidas.